ECUADOR UN PAÍS DE SOL Y ENERGÍA RENOVABLE

Alfredo Mena Pachano

Ecuador, un país de Sol, es el más indicado para liderar el desarrollo de las energías renovables debido a la elevada insolación en su territorio. Las energías hidroeléctricas, eólicas, de biomasa, fundamentalmente son producto de la acción del Sol sobre el planeta. En 1982, por efecto de la Ley de fomento de energías no convencionales, se creó el Instituto Nacional de Energía que tenía como objetivos adoptar y desarrollar nuevas tecnologías para la utilización de estos recursos. Esta entidad desarrolló importantes actividades para la introducción de la energía renovable en el país; posteriormente fue cerrada y su actividad trasladada a la Dirección de Energías Renovables del Ministerio de Energía.

La Corporación para la Investigación Energética (CIE) se crea en julio de 2002, como una institución privada sin fines de lucro, (luego de haber tratado con la Escuela Politécnica Nacional de crear un centro de transferencia de tecnología energética que finalmente no tuvo el apoyo requerido). El Acuerdo Ministerial No. 374 de julio 26 de 2002, otorga a la CIE la personería jurídica necesaria, en base de la cual ha operado sin interrupción durante los últimos quince años. La idea fue crear, desde el lado privado, una institución que siga adelante con lo propuesto en el Instituto Nacional de Energía de 1982.

La investigación y desarrollo han sido nuestro objetivo, con una clara orientación hacia el cuidado de las personas, especialmente aquellas en las zonas rurales, y al cuidado del ambiente. El interés por la energía proveniente de fuentes renovables ha estado presente en la cultura de la humanidad desde siempre, pero fue sobrepasado por la energía barata del carbón (desde el siglo 19) y del petróleo (siglo 20) que desde entonces han dominado el abastecimiento (conjuntamente con la energía atómica desde mediados del siglo 20). Solamente a fines del siglo pasado se evidencia el problema de la contaminación atmosférica con gases y partículas de carbón principalmente y, desde principios del siglo 21, la grave influencia en el aumento de temperatura del planeta debido a la presencia de los gases llamados de “efecto invernadero”, producto de la quema de combustibles fósiles y de la liberación de metano en la atmósfera. Esto despierta un movimiento de toma de conciencia a nivel mundial que se concreta poco a poco con los acuerdos de Berlín, (marzo/abril de 1995), Kioto (1997), que solamente entra en vigor en febrero del 2005. Sus efectos visibles fueron la creación de un mercado de emisiones con la implementación de los denominados mecanismos de desarrollo limpio. En nuestro criterio, un sistema institucionalizado de hipocresía que permitía seguir contaminando a cambio de pagar a productores de energía limpia en otros países, preferentemente subdesarrollados. Se trata de un mercado que está, desde hace varios años, gravemente deprimido. Países fuertemente emisores (léase contaminantes) como USA y China nunca ratificaron el protocolo. ¿Fue Kioto un fracaso? Ciertamente NO en la medida que puso el problema sobre el tapete y propuso algunas soluciones.

París (2015) y Marrakech (2016), cuyos efectos deben iniciarse desde noviembre de 2017 son los nuevos intentos de la comunidad internacional para controlar en forma efectiva el problema del cambio climático. El Acuerdo de París es un documento complejo, con un lenguaje muy burocrático (propio de las conferencias internacionales), pero que finalmente muestra un camino a seguir y cuenta, o contaba, con el compromiso de los Estados Unidos de América y China. El Presidente Donald Trump lo ha denunciado, no quiere cumplir lo establecido y niega la evidencia científica de que la temperatura de la atmósfera terrestre está subiendo, los polos se están descongelando y el clima está cambiando peligrosamente. Esperemos que las inundaciones, los huracanes y tornados, las grandes nevadas de invierno, no sean los fenómenos visibles del cambio climático que obliguen a cambiar ciertos criterios.

Con muy pocos recursos, nuestra organización ha desarrollado en estos últimos años una continua labor para evidenciar la necesidad del desarrollo de energías limpias en el Ecuador. En la evaluación de los recursos se elaboró un primer mapa de velocidad de viento usando la información de la Dirección de Aviación Civil, el INAMHI y nuestras propias mediciones realizadas en Salinas de Ibarra, Cayambe, INIAP en Cuzubamba, Aychapicho, Boliche, Santa Rosa de Ambato, Las Juntas en Pelileo. Hacia el sur en el cerro Carshao Cañar y Huascachaca Loja Azuay (en este sitio se desarrolló un estudio de factibilidad para el desarrollo de un proyecto de unos 50Mw). Con el uso de información satelital se investigó el recurso eólico en la costa sur de la provincia de Manabí que permitió hacer un estudio de pre factibilidad de una planta de hasta 70 Mw. Este recurso tiene buenas características por lo que se hace necesario apoyo estatal para realizar una campaña de mediciones en superficie y confirmar los datos. Usando también información satelital recopilada por NREL de Estados Unidos se compiló el mapa solar de toda la superficie continental del Ecuador el mismo que fue entregado al CONELEC y que ha servido para el desarrollo de aplicaciones energéticas, aunque no en la medida del potencial que tiene el País.

El recurso de biomasa también ocupó el interés de la CIE cuando procedimos a evaluar el potencial de los residuos de la agroindustria en las provincias de El Oro, Los Ríos, Santo Domingo, Azuay y Pichincha. Esta labor fue continuada luego por la Universidad católica de Quito, pero los resultados no se hicieron públicos. Finalmente, el Ministerio de Electricidad contrató una consultoría externa para elaborar un mapa de biomasa para fines energéticos. Dentro del mismo tema, con el apoyo de la Empresa Eléctrica Quito, procedimos con un ambicioso proyecto: elaborar un Catálogo de microalgas y cianobacterias de agua dulce para mirar la posibilidad de producir biodiesel utilizando aceite extraído de algunas cepas autóctonas. Este catálogo se publicó a fines de 2016 y se distribuyó desde principios del 2017, siendo acogido positivamente por la comunidad científica. Las perspectivas, con respecto a las microalgas, lucen interesantes para la medicina y la alimentación. Actualmente la Corporación trabaja en la utilización de residuos agrícolas de bosques, palmas, banano, arroz, café, maíz… bajo el concepto de aprovechamiento no solamente energético, sino integral.

La energía hidroeléctrica, especialmente con plantas de pequeña y mediana capacidad, ha sido uno de los temas que más no ha interesado. Hicimos los diseños de pequeñas plantas (Oyacachi, La Merced de Buenos Aires- en operación, Salinas, Saloya) y de mediana capacidad (San José del Tambo -en operación-, Río Verde Chico -en construcción-, Pilaló -en desarrollo). Propusimos, hace más de doce años, la reactivación del sistema de medición de caudales en los principales ríos (sin éxito), estamos reiniciando la campaña con la esperanza de, esta vez, hacerla realidad creando compromisos de acción entre entes públicos como SENAGUA, INAMHI, MEER, MAE y privados como generadores de electricidad. Esto podría reactivar el proyecto de construir una base de datos energética para uso general, iniciada por la CIE en 2005 con el apoyo de ONUDI.